Los agentes de inteligencia artificial prometían libertad: eliminar el trabajo repetitivo y liberar horas para tareas de alto valor. Pero la realidad, al menos para la estratega de IA Sol Rashidi, resultó ser muy diferente. En lugar de ganar tiempo, terminó dedicando jornadas enteras a corregir errores, alimentar contexto y vigilar a sus propios asistentes digitales. Hartada de la situación, tomó una decisión drástica: despidió a la mitad de sus agentes.

«Pasaba más tiempo cuidándolos que haciendo trabajo útil», explicó Rashidi, directora de estrategia en la firma de seguridad de datos Cyera y profesora senior en la Harvard Kennedy School, en una entrevista con Business Insider. La ejecutiva llegó a tener cuatro agentes ejecutándose al mismo tiempo, pero finalmente eliminó dos. «Los despedí porque no eran fiables», afirmó.

El fenómeno del ‘botsitting’

Rashidi no está sola. Un informe reciente de Glean acuñó el término «botsitters» para describir a los trabajadores que invierten horas cada semana en supervisar, depurar y corregir el trabajo de los agentes de IA. Según el estudio, los empleados de cuello blanco dedican una media de 6,4 horas semanales a esta labor invisible, casi un día laboral completo en una semana.

«Creo que lo más difícil es la sobre-glorificación de los bots y los agentes», señaló Rashidi. «Sí, es increíble, pero hay un momento y un lugar para cada cosa. Y hemos perdido la capacidad de discernir ese momento y lugar».

Una paradoja de productividad

El problema que describe Rashidi encaja en una paradoja más amplia que enfrentan muchas empresas. Aunque la IA ayuda a completar tareas más rápido, esas ganancias no siempre se traducen en un mejor rendimiento empresarial. El informe de Glean sugiere que gran parte de esa productividad perdida se está consumiendo precisamente en el «botsitting».

La experiencia de Rashidi lo confirma. En lugar de seguir gestionando agentes, optó por una solución analógica: contratar asistentes virtuales humanos para encargarse de parte del trabajo. «No tengo tiempo para cuidar agentes y estar corrigiendo el contexto constantemente», dijo.

Cuando la IA se lleva el crédito (y las promociones)

La tendencia a sobrevalorar la contribución de la IA tiene otra cara oscura. Según una investigación publicada también por Business Insider, los jefes están atribuyendo a las herramientas de IA el trabajo que realmente realizan sus empleados humanos, lo que está retrasando promociones y reduciendo aumentos salariales.

Un estudio de Christoph Riedl, profesor de gestión de la información en la Universidad Northeastern, analizó 13 investigaciones y concluyó que los directivos devalúan sistemáticamente las contribuciones de los trabajadores cuando estos revelan que usaron IA. La suposición por defecto es que la tecnología hizo la mayor parte del trabajo pesado.

«Nuestro análisis muestra que si se divulga el uso de IA sin detalles específicos sobre cómo se utilizó, la suposición por defecto del directivo es que se usó de una manera que reduce la agencia del empleado», explicó Riedl. Es decir, los jefes asumen que el bot fue la fuerza motriz detrás de la nueva función, la corrección de software o el informe extenso.

Lecciones para líderes

Para Rashidi, la moraleja es clara: los líderes no deben automatizar por automatizar. «Las personas van a tener que aplicar criterio y pensamiento crítico», afirmó. «Y los líderes van a tener que superar la narrativa de ‘debemos hacer IA a toda costa’, porque a veces el coste es superior a la recompensa».

Mientras empresas como Microsoft aún están definiendo cómo integrar agentes de IA con equipos humanos, la historia de Rashidi sirve como advertencia. La tecnología, por sí sola, no es una varita mágica; requiere supervisión, criterio y, en ocasiones, la decisión de prescindir de ella cuando el esfuerzo de gestionarla supera los beneficios.