Durante tres meses, Sandra Upson, editora de reportajes de WIRED, preguntó en Silicon Valley por la mujer más poderosa de la tecnología. La respuesta, recogida en un reportaje que ha reabierto el debate sobre el poder femenino, solía ser una pausa incómoda. Hay mujeres al frente de empresas decisivas, pero siguen sin ser las figuras de culto que sí consiguen muchos hombres del sector.

Un nombre que se repite: Daniela Amodei

El primer contraste aparece en los escenarios de la inteligencia artificial. Mira Murati, fundadora y consejera delegada de Thinking Machines Lab, habló ante un público de más de 350 personas sobre la historia de las revoluciones en una gala para celebrar la IA. El ambiente era de euforia por el futuro, pero solo una fracción de las personas que protagonizan esa ola son mujeres.

Uno de los nombres que más se repetía al preguntar por el poder femenino era Daniela Amodei, considerada una de las personas más importantes de Anthropic, la compañía de IA valorada en casi un billón de dólares. No era la única ejecutiva mencionada. Cuando la máxima editora de WIRED escuchó la pregunta, respondió sin dudar: «¿No es obviamente Gwynne Shotwell?». Shotwell, presidenta y directora de operaciones de SpaceX, encaja en el perfil: mueve una de las empresas espaciales más relevantes del mundo. Aun así, un consejero delegado de Silicon Valley contó que cuando la menciona, la respuesta de sus amigos suele ser: «¿Gwynne quién?».

El reconocimiento también es un problema en los medios

La propia WIRED ha relatado en primera persona cómo funciona ese borrado. Una editora de la revista narró que durante su primera etapa no recuerda haber trabajado con una sola mujer editora y que, en aquel mismo periodo, la publicación solo dedicó cuatro portadas a celebrar logros profesionales femeninos. En un acto público, un destacado líder de un think tank atribuyó los éxitos conseguidos durante su mandato al anterior director de la revista, un hombre.

El caso llegó incluso a The New York Times. Cuando el periódico anunció su nombramiento como directora editorial global de WIRED, afirmó que era la primera mujer al frente de la revista, y tuvo que publicar una corrección. Ella misma contó que un cofundador de la publicación le sugirió por correo, tras las elecciones de 2024, que debería hacerse el «seppuku» por no estar de acuerdo con una carta que había escrito.

El poder sin aspavientos

En ese contexto, algunas ejecutivas optan por no opinar de todo. Lisa Su, presidenta y consejera delegada de AMD, dijo que no suele entrar en temas sociales porque no es su «value add». La decisión aleja el foco, pero también deja sin respuesta preguntas incómodas sobre el poder femenino.

Timnit Gebru, una de las voces citadas en el reportaje, lo resumió así en una conversación telefónica: si para triunfar en un sistema terrible hay que pisotear a los tuyos, ¿qué sentido tiene ese triunfo? Mientras Gebru hablaba desde Boston, los niños gritaban al fondo y ella se disculpaba por el ruido. La escena, lejos de las galas de la IA, sirvió para recordar que el poder de las mujeres rara vez cabe en una portada.