Imagina un día de trabajo sin ese correo de Slack para pedir ayuda a un compañero, sin esa reunión rápida para aclarar una duda, sin esa charla casual junto a la máquina de café. La inteligencia artificial está reconfigurando el tejido social del trabajo, y la productividad tiene un precio: nuestra conexión humana.

Daniel Deceuster, director de marketing en Zion HealthShare, lo vive en primera persona. Antes, para redimensionar un logo o construir un nuevo panel de control, recurría a sus colegas. Ahora, solo necesita abrir Claude o ChatGPT. «Estamos haciendo más que nunca», confiesa a Business Insider, pero también estima que sus interacciones con compañeros se han reducido en un 50%. «Es triste ver esa pérdida. Soy extrovertido. Quiero interactuar con la gente», añade.

El precio de la eficiencia extrema

Esta no es una anécdota aislada. Jessica Reif, futura profesora de gestión en Wharton, estudia los efectos de la IA en el trabajo en equipo y observa una tendencia clara: «La gente elige cada vez más trabajar sola». La investigación respalda esta preocupación. Un estudio de Cisco de enero reveló que sus empleados más activos en el uso de IA confían menos en sus equipos que los usuarios ocasionales. La conclusión de la empresa es reveladora: «La IA puede crear involuntariamente aislamiento cuando se adopta de forma individual y no colectiva».

La plataforma de coaching BetterUp encontró que algunos trabajadores recurren a la IA para recibir el tipo de feedback que antes buscaban en mentores y jefes. Estos empleados tendían a reportar niveles más bajos de coordinación en equipo, junto con mayores tasas de agotamiento y un mayor deseo de dejar su trabajo. «Somos animales sociales», recuerda Kate Niederhoffer, científica jefe de BetterUp. Serlo «es más que combustible. Es cómo sobrevivimos».

«Si no somos reflexivos con esto, corremos el riesgo de convertir el trabajo en algo que se sienta más aislado y atomizado», advierte Reif. «Solo estaremos combinando nuestros aportes de una manera que se sienta más como una cadena de montaje que como un lugar de trabajo vibrante.»

De la conexión constante al aislamiento digital

Históricamente, el trabajo de cuello blanco ha requerido una colaboración constante. Dar feedback, negociar prioridades, diagnosticar problemas y generar soluciones requería contacto continuo. Herramientas como el correo electrónico, Slack y Zoom facilitaron esa colaboración. Pero la IA parece estar reemplazando esas conexiones por completo.

«ChatGPT y herramientas similares nos están dando esta forma alternativa de acumular conocimiento que de otra manera se compartiría interpersonalmente», explica Reif. «Le da a la gente la opción de optar por no hacerlo».

La fricción baja es tentadora. Preguntar a un modelo de lenguaje si un párrafo está sobre-explicado o si una conclusión es débil es instantáneo y libre de conflictos personales. Pero, como reflexiona el propio periodista del artículo original, ¿qué se pierde en el camino? Esas interacciones previas «requerían confianza y demostrar vulnerabilidad el uno al otro».

La ‘Fatiga Mental por IA’ y el ‘Abrazo al Puesto’

Aquí es donde entra otro peligro identificado por los investigadores. El uso excesivo puede llevar a lo que Boston Consulting Group llama «fatiga mental por IA» (AI brain fry): agotamiento por el uso o supervisión de herramientas automatizadas más allá de la capacidad cognitiva. La productividad alcanza su punto máximo con tres o menos herramientas, luego se desploma.

Peor aún, esta sobrecarga cognitiva erosiona la individualidad y la creatividad. Las máquinas prefieren la estandarización, y un cerebro agotado es más propenso a aceptar un resultado mediocre y genérico. Paralelamente, el miedo a la obsolescencia genera «job hugging» (abrazar el puesto), un fenómeno por el cual el 56% de los empleados se aferra a sus roles por necesidad y miedo al mercado, según un estudio de MetLife. Esta postura defensiva mata la asunción de riesgos estratégicos y la contribución individual única.

Pero espera, ¿no era la colaboración excesiva un problema? Para algunos, menos interacción podría incluso hacer los lugares de trabajo más agradables. Peter Pang, cofundador de Creao AI, dice que ahora hay menos conflicto entre sus empleados, ya que los agentes de IA hacen la mayor parte del trabajo. Pasa del 60% de su tiempo gestionando personas a solo un 10%. «Mis relaciones con mis cofundadores e ingenieros en realidad están mejorando porque no necesitamos discutir todo el tiempo», afirma.

Sin embargo, esas pequeñas interacciones forzadas por el trabajo son las que construyen la buena voluntad necesaria para navegar los desacuerdos inevitables y evitan duplicar esfuerzos. «La IA nos da una velocidad increíble», concede Reif, «pero todavía se necesita mucha interacción y alineación estratégica para asegurarse de que esa velocidad esté dirigida al objetivo correcto».

Recuperar lo humano en la era de las máquinas

Entonces, ¿cuál es la solución? Los expertos proponen caminos para equilibrar la productividad con la preservación de nuestra humanidad en el trabajo:

  1. Usar la IA para mejorar las relaciones, no reemplazarlas: Pedirle a Claude que ayude a redactar un correo sensible o a ensayar una conversación difícil con el jefe. BetterUp descubrió que quienes usan la IA de esta manera tienen más interacciones que el año anterior.

  2. Recuperar el tiempo social deliberadamente: Como hace Carol-Lyn Jardine, asesora de marketing, quien, a pesar de poder hacer la mayor parte de su trabajo sola gracias a la IA, se esfuerza por mantenerse en contacto con sus socios para compartir aprendizajes. «Vamos a tener que esforzarnos un poco más para encontrar esas conexiones y el significado en las relaciones que tenemos», afirma.

  3. Auditar la carga cognitiva y proteger el ‘trabajo profundo’: Identifica las tareas que requieren tu juicio único y protege ferozmente el tiempo para ese trabajo de inmersión. Bloquea al menos una hora al día sin correo, mensajes ni herramientas generativas para reconectar con tus principios de liderazgo.

  4. Dirigir, no solo consumir: Antes de preguntar a un chatbot, dedica 30 minutos a clarificar tu propia postión. Usa la tecnología para poner a prueba tus puntos ciegos, pero asegúrate de que el juicio final sea tuyo. Habla con tu verdadera voz y haz visible tu pensamiento único.

El desafío para todos será equilibrar los beneficios de productividad inmediata de un lugar de trabajo menos interdependiente con nuestra necesidad de equipos que funcionen bien y trabajos que aún nos den un sentido de conexión. Como reflexiona Deceuster, el actual auge de la IA le recuerda los primeros días de las redes sociales. «Ni siquiera sabemos lo que hemos desatado aún, o cómo usarlo de manera efectiva».

En una época en la que tantas instituciones comunitarias han decaído, el trabajo seguía siendo el lugar que nos unía. Si perdemos incluso eso ante la IA, nos volveremos más eficientes que nunca. Y también, posiblemente, más solos.