La famosa frase de que «con un 5 apruebas» ha evolucionado. Hoy, el mantra universitario parece ser otro: «ChatGPT te da el título». Mientras la promoción de 2026 se prepara para lanzarse al mercado laboral, una pregunta quema en el aire: ¿son estos graduados adictos a la IA los empleados ideales que toda empresa busca, o han sacrificado en el camino habilidades fundamentales?

El dilema del reclutador

Según Business Insider, los responsables de contratación ya no se fían solo del GPA o del currículum. Buscan candidatos que sepan trabajar con IA, y ahí los recién titulados parecen tener ventaja. Michelle Volberg, fundadora de Twill (software de reclutamiento), lo confirma: «La marea está cambiando a su favor». Los empleadores asumen que estos jóvenes «trabajarán de forma diferente, manejarán la IA de otra manera».

Pero no todo es color de rosa. Zack Mabel, de la Universidad de Georgetown, advierte: quien haya delegado años de deberes a la inteligencia artificial se ha vuelto vulnerable. «Lo que te dará mejores perspectivas son las habilidades complementarias a la tecnología, como el pensamiento crítico». Y ahí está el gran pero.

El bot que lo hizo estallar

El debate alcanzó un nuevo pico cuando Advait Paliwal, un informático de 22 años, creó «Einstein». Este bot, conectado a Canvas (el portal universitario donde los profesores cuelgan trabajos), podía asistir a clases virtuales, redactar ensayos y hacer los deberes. Paliwal asegura que lo hizo como broma para un amigo agobiado. Pero al publicarlo en X, se volvió viral: llegó a tener 100.000 usuarios.

La polémica fue inmediata. «¿Qué sentido tiene estar vivo?», se preguntaba un usuario de Bluesky. Llegaron cartas de cese y desistimiento, incluso de la empresa propietaria de Canvas. Paliwal terminó cerrándolo, pero la experiencia le cambió la perspectiva: «Empecé a preguntarme: ¿qué valor tiene la educación si puedes hacer todo el trabajo de forma autónoma?»

Datos que invitan a la reflexión

Las cifras son contundentes. Una encuesta de Gallup reveló que más de la mitad de los estudiantes universitarios reconocen que sus centros desaconsejan o prohíben el uso de IA. Y sin embargo, más de la mitad la usan semanalmente para sus tareas, y un 20% a diario. Entre quienes la emplean al menos una vez al mes, un 65% la considera vital para preparar su carrera, y un 70% cree que es esencial para sacar mejores notas.

Turnitin, el software de detección de plagio, confirma que el 15% de los trabajos analizados tienen un 80% o más de probabilidades de estar generados por IA. Hace solo tres años, esa cifra era del 3%. Un aumento de cinco veces.

¿Truco o trato?

La cosa no acaba en los ensayos. Han surgido humanizadores de texto y aplicaciones como Cluely, que ayuda en entrevistas técnicas y reuniones. Su fundador recaudó 15 millones de dólares de Andreessen Horowitz. Cluely se anuncia sin tapujos: «Te construimos Cluely para que nunca tengas que pensar solo». Y añade: «Sí, el mundo lo llamará trampa. Pero también lo fueron la calculadora, el corrector ortográfico y Google».

El lado oscuro de la automatización

Annie Chechitelli, de Turnitin, cree que muchos graduados «se sorprenderán al ver que la IA no es aceptable en la comunicación diaria, la escritura o la resolución de problemas en el trabajo». El problema es real: si has externalizado el pensamiento durante años, ¿qué pasa cuando llegas a la oficina y te piden que pienses?

Sumeet Chabria, ejecutivo tecnológico de Wall Street, lo experimentó en primera persona. En un vuelo sin WiFi, redactó un memorando a mano sobre ciberseguridad. El cliente lo adoró. Su conclusión: la IA es genial, pero nada supera al criterio humano… cuando lo has desarrollado. Y ahí está el dilema para la generación que delegó su educación en un chatbot.

Un futuro incierto

La tasa de empleo para recién titulados está cerca del 6%, la más alta desde 2021. Las empresas quieren trabajadores que lleguen listos para producir, no para formarse. Y el aula también cambia: los estudiantes «confían menos en la memorización y más en saber hacer las preguntas correctas», señala Lynn Pasquerella, de la Asociación de Colegios y Universidades Americanos. Pero, advierte, «existe un riesgo real de que estén externalizando demasiado el proceso de pensamiento».

Al final, la pregunta incómoda persiste: si puedes hacer que la IA haga todo el trabajo, ¿qué valor tiene realmente un diploma?