Una investigación independiente ha puesto fin a uno de los mayores misterios tecnológicos del año. La startup finlandesa Donut Lab, que aseguraba haber creado la primera batería de estado sólido lista para producción, no era más que una celda de iones de litio estándar. El análisis, liderado por el investigador Ziroth y respaldado por más de 20 expertos en baterías, revela que las promesas de 400 Wh/kg, 100.000 ciclos y carga en cinco minutos eran falsas.

Pruebas concluyentes: curvas que no engañan

La investigación se centra en dos evidencias electroquímicas. Primero, las curvas de voltaje de las pruebas realizadas en el instituto VTT muestran que la celda opera a 3,7–3,8 voltios al 50% de carga, exactamente donde lo hacen las baterías de iones de litio de alto níquel (NCM). Las baterías de sodio, como prometía Donut Lab, no superan los 3,5 voltios en ese estado.

Aún más revelador son los datos de expansión de la celda. Cuando una batería se carga, los iones se insertan en el ánodo de grafito, generando un patrón de expansión característico con un «quiebro» entre el 50% y el 70% de carga. La celda de Donut Lab muestra ese quiebro. Esto es clave porque los iones de sodio son demasiado grandes para incrustarse en el grafito. Los investigadores lo resumen así: «Es como tener una huella dactilar ligeramente borrosa y una foto del sospechoso, y coinciden».

La densidad energética real calculada es de aproximadamente 298 Wh/kg, muy lejos de los 400 Wh/kg prometidos.

La compleja red empresarial tras el fraude

La tecnología no nació en Donut Lab. Procede de la empresa alemana CT Coatings, que posee patentes tan dispares como baldosas serigrafiadas o triángulos de advertencia. CT Coatings prometió a Nordic Nano y a Donut Lab una batería de estado sólido de sodio impresa en serigrafía, pero entregó una celda de litio en bolsa.

La cadena era: CT Coatings como proveedor tecnológico, Nordic Nano como fabricante (aunque nunca ha producido una sola celda) y Donut Lab como comercializador.

Julian Zanau, del Instituto Fraunhofer, declaró que al reunirse con representantes de CT Coatings tuvo la impresión de que «no tenían ni idea de cómo funciona realmente una batería». Hablaban de «ausencia de metales de tierras raras» y de que por tanto no contenían litio, algo que cualquier químico sabe que es falso.

La investigación también revela que Donut Lab realizó su propia diligencia técnica sin validación externa. Lauri Peltola, exdirector comercial y cofundador de Nordic Nano, confirmó que ninguna de las empresas contaba con un conocimiento profundo de química de baterías en ese momento.

Inversores particulares, los grandes perjudicados

Donut Lab recaudó aproximadamente 25 millones de dólares de más de 1.300 inversores, la mayoría pequeños. Más de 900 poseen 50 acciones o menos, lo que representa inversiones de entre 3.000 y 23.000 dólares por persona. Muchos llegaron a través de una campaña de crowdfunding en la plataforma finlandesa Springvest en 2023, originalmente para Verge Motorcycles.

Cuando Verge se reestructuró, Donut Lab se escindió y su valoración saltó de ser una empresa de motocicletas en dificultades a una supuesta «cartera de 500 millones de euros«, gracias a la batería milagrosa. Una carta a inversores de Marko Lehtimäki, CEO, prometía «un retorno potencial de hasta 10x en solo 12 a 18 meses» e instaba a «invertir más».

La investigación sostiene que este modelo –diligencia técnica interna y captación de fondos de inversores sin capacidad de escrutinio– fue deliberado para evitar el escrutinio que exigirían los capitalistas de riesgo. La valoración se infló hasta los 1.250 millones de dólares tras la presentación en CES 2026.

Las autoridades finlandesas investigan

Según la investigación, las autoridades financieras y penales de Finlandia están investigando el caso. Mientras tanto, el sector de las baterías de estado sólido, liderado por empresas como Toyota y Samsung SDI, sigue avanzando con programas reales y cronogramas plausibles. Pero Donut Lab no forma parte de ese avance.

La historia recuerda a Theranos, pero con un añadido más insidioso: en lugar de grandes inversores, fueron miles de pequeños ahorradores quienes pusieron su dinero en una tecnología que nunca existió.