El cohete de SpaceX que se estrelló contra la Luna… y que nadie vio
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El pasado miércoles, la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX se estrelló contra la Luna. Aunque los astrónomos llevaban días preparando sus telescopios, nadie logró capturar una imagen directa del impacto. La noticia no es que falten fotos, sino que el choque se ha confirmado por otras vías y abre preguntas clave para el futuro de las bases lunares.
Un proyectil de 4 toneladas
La etapa superior del Falcon 9, lanzada a principios de 2025 para transportar dos módulos de aterrizaje lunares, quedó a la deriva al no tener suficiente combustible para regresar a la Tierra ni entrar en una órbita estable. Durante más de un año, la gravedad de la Tierra, la Luna y el Sol fue alterando su trayectoria hasta que el miércoles 5 de agosto de 2026 chocó contra la superficie lunar.
El impacto se produjo a una velocidad de aproximadamente 5.400 mph (siete veces la velocidad del sonido) y liberó una energía equivalente a tres toneladas de TNT. La masa del proyectil era de 4 toneladas métricas. Según el estudio preliminar liderado por Bill Gray, del software Project Pluto, el cráter resultante podría tener hasta 27 metros de diámetro y 5 metros de profundidad, mientras que la NASA estima unas dimensiones de unos 60 pies (18 metros) de diámetro y 12 pies (3,6 metros) de profundidad. La zona de impacto se sitúa cerca del cráter Einstein, en el borde occidental de la cara visible de la Luna.
¿Por qué nadie lo vio?
El impacto estaba previsto para las 6:34 UTC del miércoles, pero las condiciones de iluminación y la ubicación impidieron que ningún observatorio obtuviera una imagen directa. Ni siquiera la NASA, que había anunciado que lo intentaría, ha publicado imágenes hasta ahora.
La evidencia más sólida llegó desde Chile. Científicos usando el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral detectaron una corriente de sodio y litio aparecida minutos después de la hora prevista. Los investigadores creen que el sodio proviene de material expulsado de la superficie lunar, mientras que el litio sería del propio cohete. Aunque es una prueba indirecta, los científicos consideran que confirma el impacto.
Como era de esperar, en redes sociales circulan imágenes y vídeos falsos del momento. Las primeras imágenes reales del cráter podrían llegar en los próximos días, cuando el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA y un orbitador de la agencia espacial de Corea del Sur pasen sobre la zona.
Lo que significa para las futuras bases lunares
Más allá del espectáculo no visto, el impacto tiene valor científico. Benjamin Fernando, investigador del Laboratorio Nacional de Los Álamos y coautor del estudio preliminar, explicó a ABC News:
“Este tipo de cosas van a ocurrir cada vez con más frecuencia. Y a medida que tengamos más astronautas en la superficie lunar y más infraestructuras, como hábitats, necesitamos entender el riesgo real que suponen estos impactos”.
El estudio, publicado el mes pasado, describe el choque como “una oportunidad para probar los sistemas de medición de destellos, localizar sísmicamente los eventos de impacto y comprender mejor los peligros multimodales que los desechos espaciales representan para las futuras infraestructuras lunares y los astronautas”. Es la segunda vez que un cohete se estrella accidentalmente contra la Luna: en marzo de 2022 lo hizo un cohete chino Long March 3C, dejando un cráter de 29 metros de ancho.
Con múltiples países –incluidos China y Estados Unidos– planeando construir bases en la superficie en las próximas décadas, el riesgo de los desechos espaciales se suma a la lista de peligros. Los próximos días serán clave: los orbitadores podrían proporcionar las primeras imágenes del cráter, mientras los científicos siguen analizando los datos recogidos por telescopios terrestres y orbitales. El incidente refuerza la necesidad de protocolos de seguridad sólidos para la creciente actividad en el entorno lunar.
Sobre el autor
Arquitecto de soluciones IoT dedicado a simplificar la vida moderna. Javier escribe para Byte Horizon sobre cómo integrar ecosistemas inteligentes en el hogar de manera segura y eficiente. Es experto en protocolos de conectividad y en encontrar el equilibrio entre comodidad y ahorro energético.