Imagina que alguien compra millones de libros usados, les arranca el lomo, los escanea para alimentar una inteligencia artificial y luego destruye los originales. Suena a pesadilla para cualquier amante de la lectura, pero para la justicia estadounidense fue un simple caso de «uso legítimo» (fair use).

Ahora, esa misma máquina de generar contenido está dando un nuevo mazazo a los autores humanos. Un estudio reciente revela que la avalancha de libros escritos por IA está ahogando el mercado en Amazon, justo el tipo de daño económico que la Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. había señalado como la línea roja a no cruzar.

El monstruo que se alimenta de bibliotecas

El origen de todo se remonta a una demanda contra la empresa Anthropic, creadora del chatbot Claude. En 2025, un juez federal falló a favor de la compañía, calificando su método de entrenamiento como «sumamente transformador». La sentencia se basó en que Anthropic había comprado y digitalizado libros para su entrenamiento, un proceso que los documentos judiciales desvelaron con el nombre en clave «Proyecto Panamá».

Según los documentos del caso, el objetivo declarado internamente era «escanear destructivamente todos los libros del mundo». La práctica consiste en enviar los libros a centros de digitalización industrial, donde se les retira el lomo para pasar las páginas a gran velocidad. Los restos, simplemente, se reciclan.

Un portavoz de Anthropic confirmó a la BBC que «Claude se entrena con una mezcla de datos web públicos, conjuntos de datos adquiridos comercialmente y datos que generamos nosotros mismos», defendiendo que la compra de libros para estos fines es un enfoque generalizado en la industria. La empresa aseguró que ninguno de sus programas adquiere «libros raros o antiguos» para su destrucción.

La prueba del nueve: el mercado dice la verdad

La batalla legal se centró en uno de los cuatro criterios del fair use: si la obra nueva perjudica el mercado de la obra original. La Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. ya advirtió que usar obras protegidas para crear contenido comercial que compite directamente con ellas «va más allá de los límites tradicionales del uso legítimo». Faltaba la prueba fehaciente. Y ha llegado.

Un equipo de investigadores analizó más de 14.000 libros electrónicos vendidos en Amazon entre 2023 y 2026. Los datos son demoledores. El número de libros con ventas se multiplicó por 19, mientras que el gasto total de los lectores en esos títulos solo creció nueve veces.

El resultado es un mercado saturado donde el pastel no crece al mismo ritmo que los comensales. El ingreso medio por título se ha desplomado y los libros sin rastro de texto generado por IA han perdido cuota de mercado frente a la marea de obras sintéticas.

«El argumento ha muerto»

Ed Newton-Rex, director ejecutivo de la organización sin ánimo de lucro Fairly Trained, fue tajante en su análisis. Recordó que las empresas de IA siempre han defendido que sus modelos no perjudican económicamente a los creadores originales. «Esta investigación deja ese argumento bien muerto», escribió.

Mientras, en el otro lado del Atlántico, la situación legal es distinta. Emily Hudson, profesora de propiedad intelectual en la Universidad de Oxford, explicó que la ley británica es mucho más restrictiva: «El punto de partida en el Reino Unido es que todos estos actos de copia requieren el permiso del titular de los derechos de autor».

Libreros de segunda mano como David Tobin, de Walden Books en Londres, confiesan su incomodidad. «En cierto modo es agradable vender títulos que no se habían vendido en años, pero sería triste si acaban destruidos», comenta. Las ventas extrañas de textos oscuros, desde libros en latín hasta novelas del oeste, apuntan a un mismo comprador: la inteligencia artificial en busca de materia prima.

La paradoja está servida: la máquina que aprendió de los libros ahora está escribiendo su propia historia, y los autores humanos están viendo cómo su propio mercado se desvanece página a página.