Los fabricantes de automóviles en Estados Unidos han redoblado su presión sobre el Congreso para que apruebe una prohibición permanente de los vehículos de marcas chinas, a pesar de que actualmente no se vende ni un solo coche de ese origen en el país. La Alianza para la Innovación Automotriz (Alliance for Automotive Innovation), que representa a docenas de fabricantes como General Motors, Ford, Honda, BMW, Toyota y Volvo, envió una carta a los legisladores instándolos a actuar antes de que termine el año.

El director ejecutivo del grupo, John Bozzella, firmó la misiva en la que acusa a los fabricantes chinos de «inundar el mercado mundial con vehículos subvencionados» equipados con software y hardware conectados capaces de recolectar datos sensibles. «China está ganando cuota de mercado en Europa, Australia, Sudeste Asiático, México y Sudamérica con vehículos capaces de recolectar, procesar y transmitir datos sensibles del vehículo y del consumidor al Partido Comunista Chino», declaró Bozzella.

Barreras ya existentes

Los coches chinos ya enfrentan obstáculos considerables en EE.UU. Un arancel de importación del 100% encarece cualquier vehículo antes de llegar al país, y las normas del Departamento de Comercio restringen el software y hardware chinos en vehículos conectados. Estas reglas, según se ha reportado, ya obligaron a Polestar a detener sus operaciones en Estados Unidos. Pese a ello, la Alianza sostiene que solo una ley explícita del Congreso sellará definitivamente la puerta.

La propuesta de ley actual no solo prohibiría la venta de vehículos chinos, sino también su circulación en carreteras estadounidenses, incluso si ingresan desde Canadá o México, donde los ciudadanos de esos países pueden adquirirlos. Además, en su forma actual podría afectar a empresas con participación china parcial, como Mercedes y Volvo, aunque esos detalles aún podrían modificarse antes de una votación.

El contexto detrás de la urgencia

Bozzella argumentó que aprobar esta legislación «enviará un mensaje claro y bipartidista de que la estrategia de China para dominar la fabricación automotriz mundial recibirá una respuesta de seguridad nacional por parte del gobierno estadounidense». La carta también destaca que China ha subvencionado su industria automotriz durante años, lo que permite a sus compañías ofrecer coches significativamente más baratos que la competencia. Según el medio InsideEVs, está ampliamente documentado que los coches chinos, en su mayoría eléctricos, son superiores a sus rivales occidentales, un hecho que no augura nada bueno para la industria estadounidense.

Mientras tanto, los fabricantes chinos continúan ganando terreno en mercados internacionales. China se ha convertido en el mayor exportador de automóviles del mundo, superando a potencias tradicionales como Japón y Alemania, según reportes de la industria.

El futuro inmediato

El Congreso de EE.UU. tiene ahora sobre la mesa la carta de la Alianza, respaldada por los principales fabricantes del país. Por el momento, los aranceles del 100% y las restricciones del Departamento de Comercio siguen siendo la barrera que mantiene a los vehículos de marcas chinas fuera del mercado estadounidense, mientras los legisladores deliberan si convertir esa realidad en una prohibición legal definitiva.