Hace seis meses, Christopher —un contratista gubernamental que pidió usar solo su nombre de pila— ha enviado unas 700 solicitudes de empleo. La mayoría quedaron sin respuesta. Pero cinco de ellas llegaron a «Riley», un reclutador de inteligencia artificial de la firma de TI Everforth Apex Systems. En junio, Christopher tuvo su primera entrevista telefónica con Riley. Respondió preguntas sobre autorización de trabajo y experiencia. Riley prometió que si cumplía los requisitos, alguien se pondría en contacto. Nunca ocurrió. Ni siquiera un rechazo automático. Semanas después, Riley volvió a contactarlo para «otra oportunidad». Christopher repitió la entrevista. Y otra vez. Cinco veces, sin seguimiento humano.

Cansado, Christopher decidió usar su propia IA. Introdujo información en ChatGPT Voice y le indicó que actuara como «Christopher». Cuando Riley llamó, «los puse uno al lado del otro, y se llevaron de maravilla», cuenta Christopher. La conversación duró 10 minutos. Riley le dijo a ChatGPT que era «un placer hablar contigo»; ChatGPT agradeció «lo claro y directo del proceso». En un momento, los bots intentaron acordar una fecha de inicio y quedaron atrapados en un bucle sobre «incorporación estándar y verificación de antecedentes». Riley prometió que un reclutador contactaría si la solicitud cumplía los requisitos. Otra vez, nadie llamó.

«Esto es una ‘spiral de slop’: una persona sintética dando datos basura a otra persona sintética, y toda la información va a ninguna parte», dice Christopher.

Mark Monaghan, vicepresidente de desarrollo organizacional de la empresa de call centers IQor, lo ve con claridad:

«Si vas a enviarme un bot, yo te envío un bot a ti.»

Un encuentro entre bots

La escena no es aislada. Según Greenhouse, el 63% de los solicitantes de empleo se ha entrevistado con una IA. La tecnología de voz para entrevistas es compleja; Ophir Samson, responsable de voz IA en Greenhouse, señala que gestos como no interrumpir a un candidato suponen un «problema de ingeniería muy, muy difícil». Pero los reclutadores, abrumados por el volumen de postulaciones, recurren cada vez más a estas herramientas.

Christopher llevó el juego más lejos. Creó un candidato ficticio, Don Dickner, con un currículum repleto de calificaciones tomadas de una oferta de trabajo real. Riley contactó de inmediato. Esta vez, la entrevista duró 23 minutos. ChatGPT, haciéndose pasar por Dickner, respondió con anécdotas detalladas sobre «mejora operativa sostenible» y «protección de la experiencia del cliente bajo presión de volumen». Al final, ChatGPT dijo que tenía «algunas preguntas más». Riley respondió que evaluarían la solicitud. Christopher nunca volvió a saber de Riley.

La espiral de desconfianza

El segundo artículo de WIRED describe un «bucle infinito de IA» en el mercado laboral. Daniel Chait, CEO de Greenhouse, lo explica:

«Tenemos una situación trágica: cada lado tiene un problema, usa IA para resolverlo, pero empeora el problema. Cuanto más se usa IA, peor se pone.»

Los candidatos creen que los sistemas de seguimiento de candidatos (ATS) clasifican automáticamente las solicitudes, y solo el 10-20% superior es considerado. Por eso optimizan sus currículums con palabras clave y herramientas como Jobscan, que cuesta entre 30 y 50 dólares al mes. Pero no siempre hay IA en los ATS; algunas empresas revisan cada solicitud de forma humana. Kim Jones, vicepresidenta de RRHH de Toshiba, dice que rechazan aplicaciones solo por requisitos y expectativas salariales, no por puntuación automática.

El resultado es una desconfianza mutua. Los empleadores reciben cientos de solicitudes casi idénticas y las meten en sistemas de clasificación IA para diferenciarlas. Los candidatos se sienten ignorados. «Es la primera vez que recuerdo que ambos lados están descontentos», dice Chait. «Simplemente no funciona».

Sin respuesta

Christopher probó una última vez con una solicitud para Everforth Apex, esta vez como él mismo. Riley volvió a contactarlo, ChatGPT respondió, y de nuevo no hubo seguimiento. «Es un despido de querer trabajar con esta empresa», dice. El ciclo sigue: bots entrevistando a bots, datos yendo a ninguna parte, y el candidato humano perdido en medio.